Misión Interprovincial en Ecuador: “Iban por todas partes anunciando la Palabra” (Hch 8,4).


Mi nombre es Anasol Moreno, tengo 23 años, soy misionera, del grupo Sembradores Vicentinos. Gracias a la Congregación de la Misión, que aceptó y acompañó mi pedido de misionero pude ser participe en esta experiencia que se realizó durante el mes de agosto, en Ecuador (recinto de San Luis, cantón de Pajan),  en la Provincia de Manabí.

Fue una experiencia muy linda, con muchos aprendizajes, nuevos desafíos que se presentaron, nuevas amistades, pero sobre todo el amor de Dios.

Tuve la dicha de compartir la misión con Giovanna, una joven de Quito postulante de las Hijas de la Caridad, una excelente compañera; durante 15 días, una familia que nos recibió y nos acogió como si fuéramos sus propias hijas. El cariño familiar no faltó.

Las comunidades nos recibieron muy bien, con mucha alegría y con un corazón predispuesto a compartir y escuchar el mensaje de Dios. Realizamos visitas a las casas, compartimos momentos de oración con ellos, rezando unidos y realizando la bendición de las familias y sus hogares. Todo transcurrió entre charlas, risas, anécdotas, historias de vidas, y también en un par de lágrimas que se escaparon.

La generosidad de la comunidad es admirable, desde su sencillez y humildad, siempre compartiendo con el hermano.

Son muy trabajadores y serviciales, incluso parecía que el cansancio no les ganaba y organizaban sus tiempos para poder llegarse por la Capilla, o estar presentes en su hogar el día que llegábamos a visitarles.

Ese gesto demostraba la importancia de Dios en sus vidas y la importancia del compartir como hermanos.

Durante las siestas realizamos encuentros con los niños, afianzando la catequesis de comunión y confirmación, compartiendo juegos y canciones. Disfruté mucho cada risa con los niños, en ellos he encontrado la mejor manera de unirme con Dios.

En las tardes compartíamos con los vecinos, momentos de oración, reflexión y formación. Durante los encuentros, algunos adultos, se prepararon para recibir el sacramento de la Eucaristía; con mucho entusiasmo, compromiso, alegría y fe. El día de las comuniones la Capilla se encontraba repleta. Las familias y los vecinos fuero participes de ésta gran celebración, haciendo llegar sus bendiciones y alegría por quienes tuvieron éste encuentro su con Cristo. Éste momento de la misión fue muy especial. Tengo muy presente la sonrisa de cada uno de ellos en ese día, y la felicidad que sentí no podría explicarla en palabras. Son momentos en los cuales vuelvo a confirmar mi compromiso misionero con el Señor; a seguirlo y extender su Reino.

El se llegó a cada una de las familias, llevando la Palabra de Dios. Sin embargo fue mucho más: fue misionar y ser misionados; fue dar amor y recibir amor;llevar a Dios y recibir a Dios.

Estoy muy feliz con el fruto de ésta misión en mí, con todo lo que logré y compartí en ella. Realmente sirve dar la vida cada día.  




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